Lectura:
Hebreos
10:28-39
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“Horrenda
cosa es caer en manos del Dios vivo”.
-
Hebreos
10:31
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Cada vez que se
alerta sobre un maremoto en la costa norte de Maui, en Hawái, la
gente que vive en la localidad de Hana sube corriendo por la ladera
de una montaña, para refugiarse en un lugar elevado. Hace muchos
años, unos misioneros colocaron cerca de allí una cruz alta de
madera. Para protegerse físicamente, la gente corre al sitio donde
está ubicada esa cruz.
De manera
similar, todos necesitamos un lugar de refugio espiritual. ¿Por qué?
Porque el Señor nos advierte en su Palabra: “Porque cuanto todos
pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” y “la paga
del pecado es muerte” (Romanos 3:23; 6:23). Hebreos 9: 27 declara:
“... está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y
después de esto el juicio”. Tal vez no nos guste pensar en cuáles
serán las consecuencias de nuestro pecado cuando nos enfrentamos con
un Dios santo, pero es algo grave “caer en las manos del Dios vivo”
(10:31).
La buena noticia
es que, por amor a nosotros, el Padre ha provisto un lugar seguro.
Envió a su Hijo Jesús a morir para que no tuviéramos que estar
separados de Él para siempre (Romanos 5:8-10; Colosenses 1:19-22).
Por
la muerte de Jesucristo en la cruz y su resurrección de entre los
muertos, ese sitio de refugio está disponible. ¿Has corrido hacia
la cruz?
Para
escapar de la maldición del pecado, corre hacia la cruz.
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